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Oye País Ruddy González

!Qué viva esta transparencia!

Los grupos de presión que han tomado la bandera de la lucha contra la corrupción y la impunidad, a propósito del escándalo internacional de la constructora Odebrecht, están muy claramente separados: unos que piensan en el país y procuran un manejo honesto de los recursos del Estado y otros que tienen un objetivo político y mucho más ambicioso: doblarle el pulso al poder del Gobierno y al partido oficial.

Los primeros, de manera transparente compraron sus camisetas y gorras verdes, sus botellitas de agua y muchos fueron hasta en familia a la marcha del 22 de enero, imbuidos por el derecho que les asiste a demandar públicamente acciones concretas contra la corrupción y las garantías de que no habrá impunidad.

Los segundos se reúnen, traman y conforman una millonaria bolsa de dinero –se habla de más de $25 millones de pesos- para financiar las acciones en procura de desacreditar y/o doblarle el brazo al Gobierno, con el pernicioso objetivo de pretender lograr en el 2020 lo que no pudieron en mayo del 2016, por la decisión mayoritaria de la sociedad.

Es esa estructura –en que confluyen políticos de oposición, empresarios, ‘comunicadores’ y hasta sectores de la Iglesia, entre otros- la responsable de la organización, movilidad y realización de las marchas, de la recolección de firmas en los ‘libros verdes’, de la costosa vocería a través de programas de radio y televisión y, principalmente las redes sociales por donde se insulta, se acusa, se difama sin miramientos y donde se descalifica con toda impunidad.

Son los que ‘exigen’ que la autoridad judicial, la Procuraduría, actúe bajo los dictados de sus presiones, que invalidan los acuerdos a favor de recuperar los dineros que se estima fueron fruto de acciones ilegales de parte de la constructora brasileña. Son los que buscan la condena de la Administración, que rueden cabezas de corruptos preferidos, funcionarios y dirigentes del partido oficial, claro, que la ignominia llegue al Palacio Nacional y que hasta traspase las puertas del Despacho.

Y hasta han llegado al tupé de pedir la renuncia del Presidente de la República.

Esto pretende subvertir el orden institucional.

Esto es conspiración, porque procuran destituir el poder político, no el establecimiento de una lucha fuerte y exitosa contra la corrupción. No es una lucha que garantice que no haya impunidad y que, por tanto, el que haya metido las manos, o la pata, pague por sus culpas.

Algún amigo querido me comentaba en estos días: ‘No te expongas, defendiendo situaciones sobre las que todo el mundo está en contra’.

Y me pregunto ¿quién o quiénes es ‘todo el mundo’? y ¿porqué y a qué me ‘expongo’ por externar lo que creo, lo que siento, lo que entiendo es lo correcto y/o lo incorrecto?

Ese grupo pretende chantajear a la sociedad con el estigma de que son corruptos, delincuentes que deben ser extirpados, cual cáncer, de la sociedad, los que osen ‘contradecir’ la ola y moda ‘contra la impunidad’ y sus pretensiones ulteriores.

No me atemorizan esas amenazas, esas pretendidas difamaciones porque soy un profesional, un gladiador, que no pretende ser puro ni santo y es por ello que a quienes las propalan las diatribas, los insultos, las amenazas, los enfrento con una máxima de vida que aplico desde siempre: “No soy más serio ni honesto que nadie, pero nadie es más serio ni honesto que yo”.

Así las cosas !que viva esta transparencia!

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